-La de la foto soy yo al nacer-
Hola a todos, hoy vengo a contaros unos detalles de mi vida que algunos conocéis y otros no y que han determinado mi momento presente.
Además quiero haceros conscientes de la importancia del primer año de vida de los niños y cómo lo que sucede en el mismo va a condicionar su desarrollo posterior, que muchas veces se nos olvida y ahí radica todo el futuro.
También vais a entender por qué me formo tanto en psicomotricidad, en movimiento y en sensorialidad entre otras cosas, y es que hay dos razones para ello.
La primera razón es porque cada vez estoy más convencida que los niños que tienen una buena integración sensorial, un desarrollo motor adecuado, unas funciones ejecutivas bien desarrolladas y un control de su movimiento, serán los que menos dificultades tengan en posteriores aprendizajes y que estos son la base de todo y la segunda razón es porque yo soy el claro ejemplo de esta "mi teoría" y eso que no estoy muy mal del todo (algunos llegados a este punto os estáis riendo pensando en cómo estoy).
Pero vamos al lío.
Nací el 6 de septiembre de 1974, hace 50 años (camino de los 51) y fui la primera en llegar a mi casa, soy la hermana mayor.
En aquel momento no existían todavía las ecografías y se desconocía todo sobre el bebé que estaba dentro (yo), de hecho, todo el mundo les decía a mis padres que iba a ser un chico y hasta tenían un nombre, iba a ser José Ramón, pero llegado el momento del parto salió una nena y además no salió fácilmente, siempre tan original, qué le voy a hacer y como dice Shinova en una canción que me marca bastante últimamente "he sido complicado desde el nacimiento" 😉.
No se dieron cuenta de que no tenía una buena posición para salir y fue un parto de nalgas lo que conllevó que como no tuvieron mucho cuidado, las caderas se desplazaron de su sitio (esto tiene un nombre técnico, pero no nos interesa).
A los tres o cuatro días de nacer ya les dijeron a mis padres que tendrían que colocarme un aparato para poder solucionar el problema, que igual lo llevaría durante un mes o así, pero que sería poco tiempo, así que por supuesto me bautizaron a los pocos días de nacer antes de ponerme el aparatejo aquel, lo importante es lo primero.
Qué cosas tiene la vida, bautizarme tan pronto para acabar apostatando, que por cierto fue en ese momento, al solicitar mi partida de bautismo cuando descubrí que me habían bautizado tan rápido. Sigo que me despisto del tema, pero si os animáis a apostatar es un proceso sencillo y os puedo orientar 😁.
Un inciso voy a hacer aquí. Las fechas que voy a ir poniendo no son exactas del todo pues mis padres no acaban de ponerse bien de acuerdo en ellas, hay ciertas lagunas mentales sobre mí, creo que eso de que el cerebro nos engaña con nuestros recuerdos menos agradables, aquí se nota claramente.
Me colocaron esa férula de la que en un momento de mi vida conseguí el nombre tras mucho buscar un especialista médico que conocía, pero ninguna imagen pues ya no se usan, pero por la descripción de mis padres y el dibujo de mi padre se asemeja a una ranita cuando la vas a diseccionar en la clase de laboratorio, esa era yo tal cual.
Tenía una base rígida debajo de mi cuerpo (tipo una bandeja) y unos anclajes que me agarraban por diferentes partes del cuerpo y que se iban adaptando a mi crecimiento. Consecuencias de esto: muchas visitas médicas de las que no existe ningún registro (es curioso, solo tengo una especie de cartilla de traumatología y ortopedia donde se pone las fechas y cuándo me dan el alta, pero nada más, en cambio en el de mi hermana Nuria que nació sin problemas un año y medio más tarde pone observaciones), no tuve lactancia materna y tomé biberones, el contacto físico no fue el habitual de un bebé (imaginar lo complicado que era cogerme o tocarme), mi posición siempre era boca arriba, la visión era muy limitada también, no podía moverme mucho por no decir nada, por supuesto no gateé con lo importante que es y directamente pasé de posición semitumbada a estar de pie y caminando, ya que además caminé sola muy pronto, no me comí las porquerías del suelo para inmunizarme y por no hablar de la pena que me imagino que le daba a todo el mundo que me veía, pero eso no me lo cuenta nadie.
Pero sigo, lo que iba a durar un mes o poco más, acabó siendo unos 7 u 8 meses (aquí el baile de fechas) así que os podéis imaginar la cantidad de carencias que esto conllevó, pero claro, lo importante era colocar las caderas en su sitio, que por cierto si os lo preguntáis, todos los especialistas alucinan de que estén tan bien colocadas y que nunca me hayan dado problemas con la de "taritas" que tengo 😄.
Yo nunca había sido consciente de toda mi historia, de hecho sabía que había nacido de "nalgas de caderas" como se suele decir y que llevé un aparato, pero es verdad que nunca había preguntado más sobre el tema, pero hace muchos años (igual unos 25) en un curso de la universidad de verano de Teruel, una ponente al verme sentada en el suelo y corriendo, ya me hizo unas preguntas que me hicieron tener curiosidad y que al finalizar el curso pude entender y tener una conversación muy interesante con ella, pero ahí se quedó sin más, hasta que mi fisioterapeuta que me conoce a la perfección, haciéndome un estudio podológico, me observó algunas cosillas que nada tenían que ver con el tema y que luego me contó, así que empecé a preguntar a mis padres y después cuando llegué al departamento de autoinmunes, necesité más respuestas todavía.
Pero hubo otro momento que me hizo pensar y que lo he recordado este fin de semana en Andorra en las V jornadas de psicomotricidad y comunicación y recordé cómo la vez anterior que estuvimos allí, había que hacer unos juegos en la sala de psicomotricidad de dejarse caer, de confiar en los otros, de reaccionar con los ojos tapados y cómo en aquel momento (de esto hará ya unos 10 años) me di cuenta también de que la gente lo hacía y yo no era capaz, de hecho era una situación angustiosa y ahí también empecé a pensar en que algo pasaba.
Desde aquel momento no he parado de preguntar y de enlazar mi historia y digo enlazar porque con toda la información de la que dispuse, pude justificar muchas de las cosas que me pasaban desde niña.
Tengo problemas con los reflejos primitivos porque no los integré adecuadamente en su momento (esto daría para otro post, pero os imagináis todo lo que me pasa, si lo googleáis, cumplo todos, pero mi cerebro ha sabido compensar muy bien), problemas de salud de naturaleza autoinmune que relacionan con esa falta de inmunidad del primer año aunque no está demostrado, problemas de control de movimiento (aquí mis más cercanos saben de lo que hablo, cuántas veces me he oído que parecía hiperactiva o que tenía el baile de san Vito, no puedo estar quieta o inactiva y eso es lo que más me ha costado asumir de mi enfermedad y la primera razón para hacer terapia psicológica para aprender a parar y no martirizarme por hacerlo), problemas de lateralidad, problemas vestibulares, problemas con la visión periférica y otros de tipo optometrista, problemas de orientación (google maps y yo no somos amigos), miedos no habituales, problemas de contacto físico, yo era feliz en época postpandemia, nada de besos, ni entrelazar manos, ni abrazos, era mi estado perfecto. Aquí voy a pararme un poco que sé que algunos no me conocéis y os estaré generando ciertas dudas.
Hablo de contacto físico porque no me gusta nada lo de los saludos tocándose, me molesta y mi cuerpo no reacciona nada bien (si estás muy atento lo ves), y ya desde pequeña lo manifestaba y a mis padres les dejaba a veces avergonzados, que no entiendo por qué ya que creo que a los niños no se les debería de obligar a tener estos contactos, pero ese es otro gran melón que en algún momento como sociedad habrá que abrir. Sigo con mi historia, al final lo hago por una cuestión de educación si me veo obligada a ello (los que me quieren y me conocen desde siempre evitan estas situaciones conmigo, a excepción de dos brujas que cuando nos vamos de viaje esperan a que esté en la cama para venir a abrazarme, ¿os reconocéis Mónica y Sonia? o me apretujan en cuanto que pueden, eso sí, me avisan que ya nos conocemos mucho), hay momentos en los que tengo que dar abrazos y lo hago, pero lo pienso antes de hacerlo, es como si le dijese a mi cuerpo que vamos a hacerlo, pero soy consciente de que hay que hacerlo y además mi cabeza dice que lo haga aunque mi cuerpo diga que no, pero solo me sale con las personas a las que quiero y me son muy cercanas (ahora os imagino observándome cuando nos veamos, os aviso que disimulo muy bien, muchos años de práctica). Además, como persona adulta tengo contacto físico del que estáis pensando, pero os aseguro que no es como el vuestro, no voy a dar más detalles. La gente que toca mucho, me invade, me cuesta relacionarme con ellos, no me caen bien por lo general y me supone un gran esfuerzo, pero si me comprenden y llegamos a entendernos podemos llevarnos bien y querernos, ¿te recuerda a algo Íñigo?
Pero ya vale, que parece que este es el mayor de mis problemas y no lo es, lo que pasa es que socialmente es el más complicado de llevar.
Otra cuestión que no se explican muy bien algunos especialistas es cómo no he tenido problemas en mi escolaridad con todo este historial de "desventajas", pero creen que es porque tengo un cerebro que ha sabido compensar perfectamente y que yo he sabido adaptarme a las situaciones, algo bueno tengo que tener 😝.
Y sí, soy maestra de educación infantil y los peques me abrazan, me achuchan, me pegan los mocos, me tosen encima, vienen llorando buscando consuelo y otras "maravillas" que los infantiles conocéis, y ahora estaréis pensando y qué haces, pues les respondo, le digo a mi cuerpo que deje de controlarme, que hay que acompañarles en esos momentos y lo hago, además ellos no notan las reacciones de mi cuerpo tanto como vosotros y he aprendido a darle órdenes rápidas a mi cerebro en esos momentos. Todo es entrenable. Pensad que estamos hablando de milésimas de segundo, que esto mi cerebro y mi cuerpo ya lo tienen aprendido, no es algo que yo haga conscientemente, aunque algunas veces sí.
Como veis soy una joyita, y como decía un amigo mío con mucho cariño "si te sigues vendiendo así no te vamos a encontrar un novio nunca", gracias Luis por estas maravillosas palabras.
Y sí, me lo tomo con humor como todo lo que me sucede últimamente, porque bastante tengo ya como para no reírme de mí misma, además "conocerse es quererse" 🤓.
Así que si todavía pensáis que es una tontería no valorar el desarrollo de los peques en su primer año de vida (y hasta los seis, pero estamos hablando de este), estáis muy equivocados, aquí veis qué puede pasar si existen complicaciones y no es necesario que sea una situación como la mía, cualquier "desviación" del desarrollo habitual trae consecuencias. No dejemos pasar nada por alto, cualquier cosa que observéis en los peques hay que valorarla e intentar compensar posibles dificultades.
Y por qué la importancia de la psicomotricidad, el movimiento y la sensorialidad como os decía al principio, pues porque son las principales fuentes de conocimiento y de interiorización de nuestro cuerpo y del entorno, de nuestra forma de relacionarnos, de comprender el mundo, la base de casi la totalidad de los aprendizajes, y de muchas otras cosas más.
No nos olvidemos en las escuelas de estos ámbitos de nuestra vida tan importantes para todo, más sesiones de psicomotricidad, más momentos de juego en la naturaleza, en el parque, más momentos de columpios y equilibrios, de trepar, lanzarse, subir y bajar, más momentos en el patio de recreo con unos objetivos, más momentos de juego, más momentos de bailes y risas, más momentos de movimiento de todo tipo, más momentos de exploración y de trabajo con los sentidos (con todos, hay más de 5 sentidos y nos olvidamos de algunos muy importantes).
Y sobre todo, menos momentos de pantallas que nos están haciendo mucho daño y ya nos daremos cuenta, pero es otro melón.
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